A simple vista, nada diferenciaba a aquella ciudad de otras. Pero los observadores más agudos encontraban una característica muy propia que la distinguía del resto de poblaciones del país. En aquella ciudad había calles, avenidas, plazas…, pero también Calles, Avenidas y Plazas.
Y no era solo una cuestión de nomenclatura y ortografía. Era también una cuestión de orografía. Porque las Calles, Avenidas y Plazas, con mayúsculas, destacaban de las escritas con minúscula como si se elevaran en relieve.
Pasear por aquella ciudad suponía una auténtica yincana de escalones. Aquel laberinto de alturas distintas servía también como marcador social: los mayúsculos y los minúsculos, que, aunque no gustaba, especialmente a los que vivían en las zonas más hundidas, tampoco impedía demasiado la convivencia.
Y así fue durante mucho, muchísimo tiempo, hasta que un carrusel de tormentas, tempestades y ciclones, erosionó tanto la orografía de la ciudad que todas sus calles, plazas y avenidas quedaron al mismo nivel. Las diferencias sociales dejaron de tener sentido, puesto que ya no había altura que elevara a unos por encima de otros.
La utopía de una sociedad sin clases ni castas se había cumplido sin necesidad de sangrientas revoluciones. ¿Hubo intervención divina en todo aquello? Los historiadores y sociólogos aún lo están estudiando.
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La mayusculitis es un mal que nos afecta a todos: a unos por ejercerla y a otros por padecerla. Tampoco los nombres de las vías y espacios urbanos se libran de ello. Porque tendemos a darle tanta importancia a todo que nos parece que una calle es menos calle si no la escribimos en mayúscula.
Y lo que la norma dice es que «los sustantivos genéricos que encabezan las denominaciones de calles y espacios urbanos deben escribirse con minúsculas, reservando la mayúscula para el término específico»: plaza de la Independencia, avenida Diagonal, calle Mayor, paseo del Prado, glorieta de Embajadores y un largo etcétera. Solo aquellos nombres que van detrás del término específico (que suelen ser traducciones) se escribirían en mayúsculas: Quinta Avenida, Central Park o Downing Street.
Y lo mismo ocurre con sus abreviaturas: c/ Mayor; pso. del Prado o gta. de Embajadores. Solo que, en este caso, la inicial de la abreviatura irá en mayúsculas a comienzo de enunciado o de línea independiente: Yorokobu, c/ Acebo, 13; pero:
Yorokobu
C/ Acebo, 13
Y ya estaría.
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